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La caza intensiva de tiburones preocupa a los científicos

9 Noviembre 2009 No hay comentarios
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julio_lamilla2Cien especies de tiburones y rayas viven en Chile y no la están pasando bien. El mayor problema es la pesca intensiva a la que están sometidos. Los capturan para sacarles sus aletas y luego los devuelven al mar, a veces vivos, sin aprovechar ninguna otra parte. Una realidad que preocupa al científico de la Universidad Austral Julio Lamilla, quien se dedica a la investigación de los escualos desde 1976.

La gente cree que los tiburones son de aguas tropicales, pero aquí en Chile habita 10% de las especies que viven en el planeta, incluyendo al Carcharodon carcharias, el famoso tiburón blanco”, explica. Afortunadamente, este imponente animal, junto con el tiburón ballena (Rhincodon typus) y el tiburón peregrino (Cetorhinus maximus) gozan de protección como especies amenazadas y está prohibida su captura.

Captura incidental
Con las demás hay carta blanca, reclama Lamilla. Destaca que la presión se concentra especialmente en dos especies: el tiburón marrajo (Isurus oxyrinchus) y el azulejo o tintorera (Prionace glauca). En cuanto al resto de las especies presentes en Chile, prima la captura incidental, dice.

El problema, según la ONG Oceana, es que las estadísticas oficiales son ambiguas ya que se habla de nombres comunes como tollos, marrajos, azulejos, pejegallos y rayas, sin precisión respecto de a qué especie pertenecen. Entre las pocas cifras disponibles, el mismo estudio de Oceana indica que entre 2000 y 2001 dos embarcaciones, una artesanal y otra industrial, capturaron 3.842 tiburones, de los cuales 81% correspondieron a azulejos.

aletas_tiburonPero normalmente lo único que llega a puerto son aletas, explica Lamilla. “Las embarcaciones llegan cargadas con cientos de ellas y resulta difícil determinar cuántas se sacaron a cada animal”. En todo caso, las cifras van en aumento, según información obtenida por Oceana a través de informes oficiales de exportación. Según sus datos, entre 1997 y 2003, Chile exportó 618 toneladas de aletas y sólo entre 2006 y septiembre de este año se enviaron 63 toneladas.

Oceana demanda que se exija por ley desembarcar a los tiburones con sus aletas adosadas, idea que también postula Lamilla. Esto, dicen, terminaría con el “aleteo”, la práctica de cortar la aleta y descartar el cuerpo en el mar. Además, reduciría la captura total de tiburones, ya que evidentemente las bodegas de los barcos pueden albergar a un número mucho menor de tiburones completos que sólo las aletas.

Lamilla propone, además, un aprovechamiento integral de cada animal capturado. Destaca las bondades de los subproductos que se pueden obtener en forma sustentable: el cartílago, por ejemplo, permite la fabricación de Finartrit, misma pastilla que se ofrece como eficaz tratamiento para la artrosis a través de los insufribles infomerciales de la televisión. “El mismo cartílago tratado afuera vuelve en píldoras con un precio increíble. Eso podría industrializarse acá”.

La lista sigue: la piel sirve para curtiduría -”es más resistente que la del salmón”, asegura-, las córneas pueden ser talladas y usarse en implantes y el aceite de hígado se utiliza en cosmética como mecanismo de precisión para la relojería.

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